jueves, 21 de noviembre de 2013

Caso clínico de una hernia diafragmática en perro

HERNIA DIAFRAGMÁTICA- CASO CLÍNICO CASPER.

La hernia diafragmática o rotura del diafragma  puede ser congénita en cuyo caso el animal tiene una esperanza de vida muy corta o pueden producirse como consecuencia de un traumatismo que aumenta excesivamente la presión intraabdominal. A menudo cursan con problemas respiratorios pero no son raros los cuadros crónicos asintomáticos o que son atendidos por problemas digestivos.
Un porcentaje muy elevado de roturas diafragmáticas se diagnostica varias semanas e incluso meses después de que se haya producido el traumatismo.


CASO CLÍNICO: CASPER
-          Especie: Canina
-          Raza: Mestizo
-          Edad: Un año aproximadamente.
-          Sexo: Macho, no castrado.
-          Procedencia: Perro recogido por asociación LOST AND PAWS.

Casper en un perro que fue recogido de la calle cuando era un cachorrito de unos 4 meses, durante las primeras exploraciones en la consulta todo parecía estar normal. Después de un tiempo, la familia de acogida acudió a la clínica comentando que Casper tenía problemas respiratorios, y que en alguna ocasión después de comer se producían convulsiones con pérdida de consciencia del animal y pérdida de control de esfínteres.
Durante la exploración en la clínica, la FC normal (100 ppm), y la FR normal (20 rpm), lo que si observamos fue un estado del animal caquéctico. Le realizamos pues un estudio radiográfico y encontramos una masa de opacidad heterogénea dentro del tórax la cual no nos permite diferenciar ni la silueta de corazón ni las de los pulmones, y que además  podía ser compatible con estómago, para más seguridad realizamos un estudio radiográfico de contraste y confirmamos lo que antes sospechábamos, en el interior del torax se encuentran el estómago y parte de intestino.
Dado que es un perro recogido, no sabemos la causa de la rotura diafragmática  (pudo ser un accidente anterior).
Tras la realización de la laparatomia exploratoria por la línea media, se observó la rotura diafragmática en el lado izquierdo y el paso de asas intestinales hacia la cavidad torácica.
A continuación y con suavidad se fueron extrayendo las asas intestinales de la cavidad torácica para reposicionarlas dentro del abdomen, se hizo de la manera más delicada posible para evitar posibles lesiones en la pared de las mismas o el mesentereo.
Una vez colocamos todas las asas intestinales se observó que el bazo también se encontraba dentro de la cavidad torácica y que tenía adherencias con la pared costal, así pues con mucho cuidado se separaron las adherencias y se colocó el bazo en su sitio. Además se encontraban algunos lóbulos hepáticos, los cuales tenían adherencias con el pericardio y con la pleura. Esta fue la fase más complicada de la cirugía ya que costó mucho deshacer las adherencias, una vez  se seccionaron todas las adherencias se fue colocando el hígado hacia su posición anatómica.  Para minimizar un posible síndrome tras la revascularización el anestesista inyectó por vía endovenosa metilprednisolona (30 mg/kg).
En este caso al tener hígado, bazo, estómago e intestino dentro de la cavidad del tórax, no quedó más remedio que ampliar el desgarro diafragmático para poder realizar la cirugía.
Después de tener todos los órganos colocados en su posición anatómica, se comprobó que no existía ninguna hemorragia en tórax, y se procedió a la sutura del desgarro.
Una vez finalizada la cirugía, se colocó un tubo de drenaje torácico con el fin de identificar una posible hemorragia torácica secundaria, y para realizar una extracción progresiva del aire alojado en el espacio pleural durante las siguientes horas del posoperatorio y evitar así un edema pulmonar.
Posteriormente, cada hora extraíamos a través del tubo de drenaje torácico, el aire del neumotórax, y para mejorar la oxigenación del paciente se le introdujo en la cámara de oxigenoterapia.
La recuperación del paciente fue muy favorable. A las 36 horas se comprobó mediante una radiografía que el neumotórax era mínimo con lo que se procedió a quitar el drenaje.
Una vez en casa le volvió a dar convulsiones que pudieron ser debidos a que la ectopia de órganos como el hígado pueden causar cuadros isquémicos que acumulan toxinas y metabolitos vasoactivos que se van a liberar al torrente vascular al recolocar el órgano en su posición anatómica. Volvió a ser hospitalizado, no volvieron a producirse más convulsiones y  pasada una semana todo estaba normal  y Casper pudo volver a su casa de acogida.
Actualmente Casper ya ha sido adoptado y vive feliz con su nueva familia.

Radiografia torax ventrodorsal de Casper. Se puede observar que la imagen del torax no es normal

Radiografia torax lateral de Casper. Aqui se confirma que hay algo extraño en el torax, por ello realizamos una radiografia de contraste

Radiografia de contraste de torax lateral de Casper. Podemos confirmar que hay parte de intestino en la cavidad 

Radiografia lateral postoperatoria con drenaje puesto.


Radiografia lateral despues de una semana.


Aqui tenemos a Casper antes de la cirugia
Y aqui esta Casper un mes despues de la cirugia, ha crecido muchisimo

DIAPHRAGMATIC HERNIA - CLINICAL CASE “CASPER”.

The diaphragmatic hernia or tear of the diaphragm can be congenital in which case the animal has a very short life expectancy or it could appear as consequence of a trauma that raises the abdominal pressure too much. Often, it causes breathing problems but it is not rare to see asymptomatic chronic processess or those accompanied by digestive problems.
A very high proportion of diaphragm tears are diagnosed several weeks and even months after the trauma has occurred.


CLINICAL CASE: CASPER
-          Species: Dog
-          Breed: Mixed
-          Age: Approximately one year.
-          Sex: Male, not castrated.
-          Origin: Dog recovered by the association “LOST AND PAWS”.

Casper was a dog found in the street when he was a puppy of about four months old. During the first examination in the consulting room everything appeared normal.  After a time the family that had adopted him came to the clinic and explained that he seemed to have breathing problems and that on one occasion, after eating, the animal suffered convulsions with a loss of consciousness and loss of control of his sphincter.
During his examination in the clinic, with FC normal (100 ppm), and the FR normal (20 rpm), what we observed was a dog affected by cachexia. We performed an x-ray study and found an opaque, homogeneous mass inside the thorax which prevented us from being able to see the outline of neither the heart nor the lungs. We suspected that this mass could be part of the stomach but to be sure we performed an x-ray study using contrast which confirmed our suspicion, inside the thorax was the stomach and part of the intestine.
Given that this was an abandoned dog, we cannot know the cause of the tear in the diaphragm (it could have been a prior accident).
Following an exploratory laparatomia by the mid line, the tear in the diaphragm could be seen on the left side and the intestinal coils entering into the thoracic cavity.
Proceeding with care, the intestinal coils were extracted from the thoracic cavity and re-positioned within the abdomenon. This was done as delicately as possible to avoid the risk of damaging the walls of the intestines or the mesentereo.
After all of the intestinal coils had been repositioned it was noted that the spleen was also within the thoracic cavity and had adhered to the rib lining. With great care the spleen was loosened and placed in position. We also found some hepatic globules adhering to the pericardio and the pleura.  This was the most difficult part of the operation as it was extremely difficult to separate the adhesions.  Once all of the adhesions were cut away the liver moved to its correct anatomic position.  To reduce the risk of a possible syndrome after the revascularisation the anesthetic was injected by ndovenous metilprednisolona (30 mg/kg).
In this case, having the liver, spleen, stomach and part of the intestine within the thoracic cavity, there was no option but to enlarge the tear in the diaphragm in order to be able to perform the surgery.
After all of the organs had been replaced in their correct anatomical positions a check was made to ensure that there was no hemorrhage in the thorax and we proceeded to suture the tear.
Once the surgery had been finished a tube was positioned to drain the thorax with the objective of identifying any possible secondary thoracic hemorrhage and to facilitate a progressive extraction of air trapped in the plural cavity during the postoperative hours and thereby to avoid a pulmonary edema.
Each hour after the operation we extracted through the thoracic drainage tube the air from the pneumothorax and to improve the oxygenation of the patient he was placed in the oxygen chamber.
The recovery of the patient was very favorable.  After 36 hours we could see from x-rays that the pneumothorax was the minimum that resulted from removing the drainage.
Once back at home the animal continued to have convulsions which could have been caused by the ectopia of organs such as the liver which can cause cadres isquémic whereby accumulated toxins and metabolites vasoactives are freed into the blood flow as a result of the organ being relocated in its correct anatomical position. The animal was hospitalized once more but the convulsions did not reoccur and after a week Casper was able to return to his shelter.

At present, Casper has been adopted and lives happily with his new family.

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