HERNIA DIAFRAGMÁTICA- CASO CLÍNICO CASPER.
La hernia diafragmática o rotura
del diafragma puede ser congénita en
cuyo caso el animal tiene una esperanza de vida muy corta o pueden producirse
como consecuencia de un traumatismo que aumenta excesivamente la presión
intraabdominal. A menudo cursan con problemas respiratorios pero no son raros
los cuadros crónicos asintomáticos o que son atendidos por problemas
digestivos.
Un porcentaje muy elevado de
roturas diafragmáticas se diagnostica varias semanas e incluso meses después de
que se haya producido el traumatismo.
CASO CLÍNICO: CASPER
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Especie: Canina
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Raza: Mestizo
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Edad: Un año aproximadamente.
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Sexo: Macho, no castrado.
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Procedencia: Perro recogido por asociación LOST AND
PAWS.
Casper en un perro que fue recogido
de la calle cuando era un cachorrito de unos 4 meses, durante las primeras
exploraciones en la consulta todo parecía estar normal. Después de un tiempo,
la familia de acogida acudió a la clínica comentando que Casper tenía problemas
respiratorios, y que en alguna ocasión después de comer se producían
convulsiones con pérdida de consciencia del animal y pérdida de control de
esfínteres.
Durante la exploración en la
clínica, la FC normal (100 ppm), y la FR normal (20 rpm), lo que si observamos
fue un estado del animal caquéctico. Le realizamos pues un estudio radiográfico
y encontramos una masa de opacidad heterogénea dentro del tórax la cual no nos
permite diferenciar ni la silueta de corazón ni las de los pulmones, y que además podía ser compatible con estómago, para más
seguridad realizamos un estudio radiográfico de contraste y confirmamos lo que
antes sospechábamos, en el interior del torax se encuentran el estómago y parte
de intestino.
Dado que es un perro recogido, no
sabemos la causa de la rotura diafragmática (pudo ser un accidente anterior).
Tras la realización de la
laparatomia exploratoria por la línea media, se observó la rotura diafragmática
en el lado izquierdo y el paso de asas intestinales hacia la cavidad torácica.
A continuación y con suavidad se
fueron extrayendo las asas intestinales de la cavidad torácica para
reposicionarlas dentro del abdomen, se hizo de la manera más delicada posible
para evitar posibles lesiones en la pared de las mismas o el mesentereo.
Una vez colocamos todas las asas
intestinales se observó que el bazo también se encontraba dentro de la cavidad
torácica y que tenía adherencias con la pared costal, así pues con mucho
cuidado se separaron las adherencias y se colocó el bazo en su sitio. Además se
encontraban algunos lóbulos hepáticos, los cuales tenían adherencias con el pericardio
y con la pleura. Esta fue la fase más complicada de la cirugía ya que costó
mucho deshacer las adherencias, una vez
se seccionaron todas las adherencias se fue colocando el hígado hacia su
posición anatómica. Para minimizar un
posible síndrome tras la revascularización el anestesista inyectó por vía
endovenosa metilprednisolona (30 mg/kg).
En este caso al tener hígado, bazo,
estómago e intestino dentro de la cavidad del tórax, no quedó más remedio que
ampliar el desgarro diafragmático para poder realizar la cirugía.
Después de tener todos los órganos
colocados en su posición anatómica, se comprobó que no existía ninguna
hemorragia en tórax, y se procedió a la sutura del desgarro.
Una vez finalizada la cirugía, se
colocó un tubo de drenaje torácico con el fin de identificar una posible
hemorragia torácica secundaria, y para realizar una extracción progresiva del
aire alojado en el espacio pleural durante las siguientes horas del
posoperatorio y evitar así un edema pulmonar.
Posteriormente, cada hora
extraíamos a través del tubo de drenaje torácico, el aire del neumotórax, y
para mejorar la oxigenación del paciente se le introdujo en la cámara de
oxigenoterapia.
La recuperación del paciente fue
muy favorable. A las 36 horas se comprobó mediante una radiografía que el
neumotórax era mínimo con lo que se procedió a quitar el drenaje.
Una vez en casa le volvió a dar
convulsiones que pudieron ser debidos a que la ectopia de órganos como el
hígado pueden causar cuadros isquémicos que acumulan toxinas y metabolitos
vasoactivos que se van a liberar al torrente vascular al recolocar el órgano en
su posición anatómica. Volvió a ser hospitalizado, no volvieron a producirse
más convulsiones y pasada una semana
todo estaba normal y Casper pudo volver
a su casa de acogida.
Actualmente Casper ya ha sido
adoptado y vive feliz con su nueva familia.
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| Radiografia torax ventrodorsal de Casper. Se puede observar que la imagen del torax no es normal |
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| Radiografia torax lateral de Casper. Aqui se confirma que hay algo extraño en el torax, por ello realizamos una radiografia de contraste |
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| Radiografia de contraste de torax lateral de Casper. Podemos confirmar que hay parte de intestino en la cavidad |
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| Radiografia lateral postoperatoria con drenaje puesto. |
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| Radiografia lateral despues de una semana. |
| Aqui tenemos a Casper antes de la cirugia |
| Y aqui esta Casper un mes despues de la cirugia, ha crecido muchisimo |
DIAPHRAGMATIC HERNIA - CLINICAL CASE
“CASPER”.
The diaphragmatic hernia or tear of the diaphragm can be congenital in which
case the animal has a very short life expectancy or it could appear as consequence
of a trauma that raises the abdominal pressure too much. Often, it causes breathing problems but it is not rare to see asymptomatic chronic processess or those accompanied by
digestive problems.
A very high proportion of diaphragm tears are diagnosed several weeks
and even months after the trauma has occurred.
CLINICAL CASE: CASPER
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Species: Dog
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Breed: Mixed
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Age: Approximately one year.
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Sex: Male, not castrated.
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Origin: Dog
recovered by the association “LOST AND PAWS”.
Casper was a dog found in the street when he was a puppy of about four
months old. During the first examination in the consulting room everything
appeared normal. After a time the family
that had adopted him came to the clinic and explained that he seemed to have
breathing problems and that on one occasion, after eating, the animal suffered
convulsions with a loss of consciousness and loss of control of his sphincter.
During his examination in the clinic, with FC normal (100 ppm), and the
FR normal (20 rpm), what we observed was a dog affected by cachexia. We performed an x-ray study and found an
opaque, homogeneous mass inside the thorax which prevented us from being able to
see the outline of neither the heart nor the lungs. We suspected that this mass
could be part of the stomach but to be sure we performed an x-ray study using
contrast which confirmed our suspicion, inside the thorax was the stomach and
part of the intestine.
Given that this was an abandoned dog, we cannot know the cause of the
tear in the diaphragm (it could have been a prior accident).
Following an exploratory laparatomia by the mid line, the tear in the
diaphragm could be seen on the left side and the intestinal coils entering into
the thoracic cavity.
Proceeding with care, the intestinal coils were extracted from the
thoracic cavity and re-positioned within the abdomenon. This was done as delicately as possible to avoid the
risk of damaging the walls of the intestines or the mesentereo.
After all of the intestinal coils had been repositioned it was noted
that the spleen was also within the thoracic cavity and had adhered to the rib
lining. With great care the spleen was loosened and placed in position. We also
found some hepatic globules adhering to the pericardio and the pleura.
This was the most difficult part of the
operation as it was extremely difficult to separate the adhesions. Once all of the adhesions were cut away the
liver moved to its correct anatomic position.
To reduce the risk of a possible syndrome after
the revascularisation the anesthetic was injected by ndovenous metilprednisolona (30 mg/kg).
In this case, having the liver, spleen, stomach and part of the
intestine within the thoracic cavity, there was no option but to enlarge the tear
in the diaphragm in order to be able to perform the surgery.
After all of the organs had been replaced in their correct anatomical
positions a check was made to ensure that there was no hemorrhage in the thorax
and we proceeded to suture the tear.
Once the surgery had been finished a tube was positioned to drain the
thorax with the objective of identifying any possible secondary thoracic hemorrhage
and to facilitate a progressive extraction of air trapped in the plural cavity
during the postoperative hours and thereby to avoid a pulmonary
edema.
Each hour after the operation we extracted through the thoracic drainage
tube the air from the pneumothorax and to
improve the oxygenation of the patient he was placed in the oxygen chamber.
The recovery of the patient was very favorable. After 36 hours we could see from x-rays that
the pneumothorax was the minimum that resulted
from removing the drainage.
Once back at home the animal continued to have convulsions which could
have been caused by the ectopia of organs such as the
liver which can cause cadres isquémic whereby accumulated toxins and metabolites
vasoactives are freed into the blood flow as a result of the organ being
relocated in its correct anatomical position. The animal was hospitalized once
more but the convulsions did not reoccur and after a week Casper was able to
return to his shelter.
At present, Casper has been adopted and lives happily with his new
family.





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